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MALDITA DANZA, “La danza es una experiencia viva”

Fotografía: Manuel Valle

Jorge Bernal (coreógrafo) y Walter Cobos (dramaturgo) son bailarines, dirigen Maldita Danza, un colectivo con un estilo surrealista, provocador, juguetón, subversivo, transgresor y original que crea. Conciben la danza de manera particular.

Juntos crean obras, hacen volar su imaginación, y en compañía de su grupo de trabajo, intercambian ideas que unen desde una perspectiva original, en donde la combinación de la expresión corporal, la actuación, el canto, la danza y la caracterización de sus personajes marcan la pauta en grandes escenarios de Colombia.

¿Para ustedes qué es la danza?

Jorge Bernal: “Es el idioma con el que modulamos nuestra intuición, desde donde damos a luz nuestros mundos imposibles. Es uno de los muchos lenguajes con los que comunicamos, también lo hacemos con el teatro, el canto y la plástica”.

Walter Cobos: “La danza es compañía y diálogo desde el cuerpo, con el cuerpo y para el cuerpo. Es la experiencia del cuerpo en movimiento con un propósito determinado, es consciente, voluntaria, aunque en las últimas producciones hemos abordado una pregunta alrededor de la creación del movimiento desde gestos involuntarios, desde la negación del capricho del movimiento, esperando que en el intento de eliminar la voluntad aparezca el cuerpo”.

¿Por qué la danza como sentido de vida y profesión?

JB: “Yo quería ser cineasta. Cuando salí del colegio imaginé personajes que actuaba yo o actuaban otros, allí probé el cuerpo como canal de comunicación de situaciones imposibles. Luego pasé por el teatro y se ensanchó el enamoramiento por la posibilidad de contar otros mundos, otros cuerpos, otras posibilidades con mi cuerpo. Finalmente la danza me dio el nicho posible para construir con Walter Maldita Danza con todas las imágenes, personajes, situaciones, texturas, olores y sabores que me había dejado el cine y el teatro”.

WC: “Elegí el movimiento. Lo percibí en el cuerpo al hacer teatro, pero me hacía falta más. Al llegar a la danza hallé un cuerpo más inteligente, despierto, activo; un cuerpo para expresar, pensar, comprender. Por eso me arraigué ahí en el movimiento danzado, porque descubrí maneras, lugares, posibilidades, potencias en mí. El teatro me dejó la pasión por la voz, por narrar, pero la danza me permitió pensar el mundo, escénico y cotidiano. Maldita Danza ha sido mi ágora en el movimiento, mi encuentro creativo, lugar dónde investigamos y vamos sin querer encontrando cada vez más porqués para mantener el cuerpo moviéndose”.

Maldita Danza
Para sus creadores es la pureza misteriosa de un niño, su capacidad de observar sin desear, jugar sin planear, la pericia de conocer con el instinto. Jorge y Walter tejen universos que develan una expansión de movimiento encaminados a aquél jugador, que desde su silla, se presta con su experiencia a estallar, interactuar e imaginar, completando nuestros juguetes.

¿Cuál es el balance de Maldita Danza desde su creación?

JB: “Comenzamos en el 2012, ahora el ‘chino’ tiene 8 añitos, la edad del Chavo del 8. El sueño, seguir andando eternamente como lo ha hecho él, con el ímpetu hacia lo desconocido, el juego sin el deseo, el error sin la precaución”.

WC: “Hemos logrado durante este tiempo interés por un estudio del movimiento particular, la articulación con otros lenguajes artísticos, la gestión de articulaciones con otros artistas, que es de las cosas más bonitas poder sumar inteligencias y arte en una sola expresión, probando, jugando, sin pretensión otra que explorar y consolidar una identidad”

¿Cómo definen el estilo de Maldita Danza?

JB: “Provocador, juguetón, subversivo y transgresor. Siempre hemos propendido por universos que provoquen más que delimiten, cuerpos que subvierten más que ejemplifiquen”.
WC: “Sumergible, con la posibilidad de descubrir algo, siempre hay algo detrás de lo que se ve”.

¿Quiénes integran Maldita Danza?

JB: “En el timón de este barco a la deriva estamos Walter y Jorge. Tripulamos juntos con Carlos Romero, Juana Jiménez, Daissy Robayo, Eliana Quintero, Santiago Marino, Valle Kenai, David Idrobo, Milena Amaya, Nelson Soledad, artistas de diferentes lenguajes artísticos”.

Recomendaciones para ser un buen bailarín

JB: “Dejarse llevar por una visión y no por la pretensión, la visión que se ve como un reflejo difuso en el horizonte lejos del lugar seguro y estable para asentarse. Ser tan superficial como profundo, tan ocioso como riguroso. No creérselas de nada y a la vez saber que se es diferente a los demás y nadie hace las cosas como usted las hace”.

WC: “La danza como experiencia no es una repetición es una vivencia, en tanto bailar, desde nuestra perspectiva no podría tener unas claves a reproducir, pensaríamos en su lugar que hay algunas necesidades en las que un bailarín debe permanecer, estar atento. La creatividad, la recursividad, el riesgo con su cuerpo, mantener la sensibilidad despierta, estar muy cerca de lo que su propio cuerpo tiene la potencia de hacer. Por supuesto esto son recursos que se logran con el entrenamiento específico”.

Lo mejor de ser bailarín es…

JB: “Que no hay mucha expectativa sobre lo que vas a decir con tu arte y cuando dices algo es sorpresivo, como cuando una reina de belleza dice algo inteligente. A veces a los bailarines se nos olvida que podemos decir con voz propia y cuando lo hacemos sucede una revolución personal potente”.

WC: “Tener la posibilidad constante de estar cerquita del cuerpo de uno, de estar presente desde él, de interactuar, incluso intentar siempre comprender el mundo desde el cuerpo. Lo mejor es la oportunidad de considerar que existe otros modos de pensar diferentes, tantos como cuerpos hay”.

Imagen de Colombia

JB: “Cuando viajamos a otros países me siento latinoamericano, perteneciente a un territorio grande que han habitado nuestros ancestros desde hace mucho tiempo atrás, nos llenamos de orgullo de nuestros abuelos indígenas y traemos en cada cosa que hacemos la intuición de ese universo elusivo que vibra como lo hace la propia experiencia, en un torrente de savia con millones de años de antigüedad moviendo nuestros cuerpos y nuestras ideas”.

WC: “Estar en otros países también ha permitido que se forje otra visión de Colombia. Otra distinta a la que los medios han masificado y que está enredada entre el narcotráfico y la violencia. Con nuestro trabajo, al participar en encuentros escénicos, es grato poder gestar otra visión de Colombia desde el arte, desde propuestas particulares que evidencia no solo un país, sino un territorio y artistas inquietos por producir lenguajes artísticos y aportar a la historia del arte escénico”.

Como grupo, qué satisfacciones han tenido y ¿Cuáles son sus mayores retos?

JB: “Nos ilusiona poder compartir con personas nuestros mundos imaginados y escuchar o leer sus ideas sobre lo que ven. Nos motiva cada nueva imagen que nos brinda el público para seguir alimentando de significado la intuición. El mayor reto es tener un lugar, físico, propio, en donde podamos, con libertad absoluta ensayar, entrenar, performar, acoger, proponer“. Tener pronto nuestra Escuela maldita provocándonos con los miles de maneras de crear, acogiendo a otros inquietos.

WC: “Es verdad, una de las mayores satisfacciones es cuando las personas abren sus cabezas, dejan que sus pensamientos vuelen y leen miles de cosas a partir de una obra. Sin importar si es o no, es muy interesante y bonito que las personas de todo lugar, edad, y demás empiecen a imaginar. Reconozco una satisfacción al trabajar de la mano de Jorge. Sobre todo, porque es como un río siempre con corrientes, ideas y preguntas. Algo que a la vez es un reto, compaginar varias ideas para una sola creación no es fácil, hay dificultades, pero con fortuna logramos navegar, creo que hace parte de los balances también, lograr medios de trabajo durante ocho años de trabajo que nos han llevado a un lugar creativo importante”.

¿Requisitos para ingresar a Maldita Danza?

JB: “Ser juguetón y subversivo, paciente e intenso, arrebatado y riguroso, amoroso y trasgresor. Estar abierto a escuchar con criterio propio, listo para aportar a la construcción en conjunto. No es necesario que sea bailarín o actor o cantante o performer, pero sí que esté dispuesto a jugar con toda la actitud”.

¿Dónde están ubicados?

“En el 2020 nuestra casa será La Dandeliona en la vereda Yerbabuena en Chía. Allí ensayaremos y convocaremos laboratoriosdurante todo el año”.

¿Cómo proyectan a Maldita Danza a futuro?

JB: “Con escuela, teatro, compañía infantil. Jugando como niños. Si el niño se mantiene el infinito es nuestro”.

WC: “Como una compañía que no solo produce espectáculos sino que forma artistas para el país. Aportar a nuevas generaciones inquietas por preguntarse el mundo desde el cuerpo, moviéndose”.

¿Cuántas personas se han beneficiado con este gran proyecto?

“Un millón como dice la canción. Los que lo hacemos y los que nos ven en las funciones, los que aman y también los que odian lo que hacemos. Los que ven nuestras fotos y videos en las redes e imaginan, que somos miles y seremos millones, que no te engañe nuestro Instagram”, afirma Jorge Bernal.

El montaje…
De una obra generalmente lo hacen en un año. Tres meses de laboratorio, ensayos, improvisaciones. Más cuatro meses de producción y montaje. “En proyectos como Columbario nos tomó más de tres años llevarlo a cabo y en el caso de Bambuco is not dead, nuestra más reciente pieza, nos ha tomado 2 años y aún no la estrenamos. No hay afán la vida es corta”.

Proyectos para el 2020
JB: “Estrenar y circular Bambuco is not dead. Iniciar laboratorio del proyecto sobre el “Chavo del 8” y circular las obras que la compañía tiene como repertorio.

WC: “Consolidar alianzas para contar con un espacio creativo en Bogotá”.

¿Qué representa Bambuco is not dead?

JB: “Un juego de cuerpitos negros que bailan Bambuco. Comenzamos laboratorio en el 2018 y en el 2019, con la residencia Orbitante de Idartes, comenzamos el montaje. Esperamos poder estrenar esta pieza a mediados del 2020”.

WC: “Producción que no sólo comparte un universo escénico entre la memoria, la tradición, el sonido corporal, sino que estudia una relación entre la producción de movimiento desde la voz”.

Talento de exportación

En el 2013 con la obra “Ruta al Sur” viajaron a Ecuador, Perú, Chile y Argentina. En el 2014 la “Ruta Emplumada” los convocó a 6 ciudades de México. Con la gira “Maldita Danza entre Mares” fueron a España, Croacia y Turquía. Con la “Gira Gamima” a siete ciudades de Europa: Madrid, Gent, Boon, Wuppertal, Colonia, Brusselas y Ámsterdam. En 2017 con “Maldita Danza Ruge al Sur” fueron invitados a siete ciudades en Argentina dentro del Circuito INT. En el 2018 estuvieron en abril y octubre con “Maldita en Brasil”. Salvador de Bahía, Brasilia, Santos y Recife. En 2019, con una nueva versión de “La Ruta al Sur”, recorrieron Pasto, Santiago de Chile y Mendoza llevando su arte y talento.

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